Pedacitos de mí



Tus hijos no son tus hijos
Son hijos e hijas de la vida…
...Y aunque estén contigo
No te pertenecen...

Kahlil Gibran en ese hermoso poema, me dice una verdad que admito, pero que cuesta incorporar.
Mi hijo ya es hombre, adulto con propias responsabilidades acordes a su edad, y que abandonó el nido para iniciar una hermosa, difícil, complicada, frenética nueva vida, Como lo fue y lo es la mía y la de cada uno de nosotros. Con sabores dulces, no tan dulces, indiferentes y amargos. Con tedio cotidiano y sobresaltos. Porque la vida es eso: un ir y venir de situaciones, sentimientos y emociones, que son la sal que nos condimenta.
Pero, madre al fin, igual lo extraño. No es que no lo vea, lo hago a diario.
Me encuentro a veces recordando al bebé que acunaba en mis brazos para calmar su llanto, y extraño a ese bebé que llenaba mis horas de ternura y de trabajo.
Recuerdo al niño de rostro dulce y manchas de chocolate, con mil preguntas y fantasías que sólo un niño puede hacer o tener, y lo extraño.
Al adolescente, con sus reclamos a la vida y a los hombres, su lirismo social, sus luchas contra la burocracia establecida en todos los órdenes de la vida, y lo extraño.

Cada etapa de su vida, está ligada profundamente a cada etapa de la mía. Cada raspón de sus rodillas, cada sentimiento herido, cada felicidad, cada triunfo y fracaso.
Pero, ya lo dijo Kahlil Jibran

…Tú eres el arco del cual tus hijos
Como flechas son lanzadas…

Silvia Beatriz Giordano

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